El árbol que no podía irse aprendió a mirar más lejos

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1–2 minutos

Por Cynthia Pensado

Soy un árbol de moras que vive en el patio de una casa en la colonia Constituyentes.

Querida gata Mochi, 🐱 sé que hoy te sientes encerrada, sin libertad, sin poder ir a explorar el barrio y las colonias aledañas.

A mí también me pasó, al sentirme encerrado sin poder moverme, con ganas de conocer otros sitios y otras personas.

El día que todo cambió fue cuando te fuiste, en parte me alegré, ya que fuiste a conocer otros lugares. Aunque te extrañaba, ya que todos los días te subías a mis ramas.

Lo que más me dolió es que no regresabas. Pasó un día, otro día, una semana y no llegabas. La dueña de la casa todas las noches gritaba tu nombre y me preguntaba si mis ramas más largas podían verte.

Pero un día descubrí que me estaban viendo tus ojos azules, ya estabas en casa y estabas a mi lado. Estabas un poco lastimada, ya te habían curado, pero no podías subir a mis ramas.

Desde entonces descubrí lo importante que era para mí y lo importante que somos para la dueña de la casa.

Hoy quiero decirte que mis ramas más altas y largas te pueden sostener para que en la seguridad de nuestro hogar puedas ver el barrio y las colonias aledañas.

Quiero que sepas que tienes mi protección y sé que yo tengo tu compañía.

Con amor, el árbol de moras.

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