Hubo un tiempo en que escribir una carta implicaba esperar. Las palabras viajaban de mano en mano hasta llegar a alguien. Abrir una carta era casi un acto íntimo y misterioso: dentro venía una historia, pero también el tiempo, la emoción y la presencia de quien la había escrito.
Cartas entre seres vivos nace de esa memoria.
En esta sección, las y los talleristas escriben cartas desde la voz de plantas y animales que dialogan entre sí. Un árbol puede escribirle a un ave; un perro a una flor; una luciérnaga a un río. Cada carta busca imaginar cómo sienten los otros seres vivos que acompañan nuestra existencia cotidiana.
Estas escrituras no solo exploran la empatía, también permiten reconocer el territorio emocional y geográfico de quienes escriben: las plantas, animales y paisajes cercanos terminan convirtiéndose en parte de su identidad narrativa.
Tal vez por eso estas cartas intentan recuperar algo que el tiempo parecía haber dejado atrás: la posibilidad de detenerse, esperar y descubrir que toda historia necesita de alguien dispuesto a recibirla.
